‘The Snowman’, muñeco derretido

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Había muchas expectativas en torno a la adaptación de la famosa novela de Jo Nesbø. Expectativas que no hicieron sino aumentar cuando se anunció que el director de la misma iba a ser Tomas Alfredson (‘Déjame entrar’, ‘El topo’) y que Michael Fassbender sería el encargado de ponerse en la piel de Harry Hole, protagonista de la conocida saga literaria de Nesbø.

Teniendo en cuenta el material del que partía y los implicados en el proyecto, era difícil prever un resultado que, si bien no llega a resultar totalmente desastroso, sí que queda muy por debajo de lo que se esperaba del film, siendo una de las mayores decepciones del año pasado.

Los rumores de que el estudio no había quedado satisfecho con la cinta empezaron ante la escasez de información hasta poco antes de su estreno, momento en que se lanzó el trailer. El resultado finalmente ha sido tal que el propio director salió al paso de las críticas renegando de la película, aludiendo a que el tiempo de rodaje en Noruega fue demasiado corto y que, una vez en la sala de montaje, se dieron cuenta de que les quedó gran parte del guión sin rodar, entre un 10 y un 15 por ciento según sus estimaciones.

No está claro hasta qué punto los problemas detrás de su realización han acabado afectando a la película, pero lo que es innegable es que no da la talla para una cinta de estas características.

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Harry Hole, detective de Oslo, recibe una misteriosa carta con un muñeco de nieve dibujado en ella. Al poco tiempo, recibe el encargo de investigar la desaparición de la madre de una niña frente a cuya casa hay un muñeco de nieve. Los casos de desapariciones se suceden y Harry entrará en una carrera contrarreloj para atrapar al asesino en serie, para lo que deberá conectar los casos actuales con otros más antiguos.

La película va de más a menos, presentándonos al principio de la misma una historia que, sin resultar rompedora, consigue ser lo suficientemente interesante para atrapar nuestra atención. El problema surge en el desarrollo de la misma, y es que la cinta discurre por unos caminos de sobra conocidos y vistos en otras ocasiones, con la consecuente pérdida de interés ante lo que ocurre en pantalla, hasta llegar a una resolución que roza lo ridículo.

La elegante puesta en escena de Alfredson, una conseguida atmósfera y un reparto que cumple de manera eficaz son algunos de los puntos a favor del film. Sin embargo, estos aciertos no logran tapar sus carencias y debilidades. Y es que su desastroso montaje, que resulta en una acusada falta de ritmo y ciertos vacíos narrativos, empaña demasiado el resultado final.

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En definitiva, ‘The Snowman’ es una decepcionante adaptación de la novela de Jo Nesbø. Una oportunidad perdida para empezar una saga cinematográfica de Harry Hole y un resultado tremendamente torpe teniendo en cuenta el talento de los implicados. Se parece más a un convencional telefilm que al fascinante thriller que se podría esperar de la película.

Puntuación: 3,5/10

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‘Lady Bird’, el verdadero despegue de Christine

Greta Gerwig es una de las principales voces del cine indie desde su participación en ‘Frances Ha’ y ‘Mistress America’, cintas en las que también ejerció de co-guionista junto a su marido, el director Noah Baumbach. ‘Lady Bird‘ supone su primera película tras la cámara, un aclamado debut por el que ha recibido sendas nominaciones a mejor película y guión original en los Oscars.

Originaria de Sacramento, educada en una escuela católica solo para niñas y cuya madre se llama, al igual que la protagonista de la película, Christine. No son pocas las referencias de la película a la propia vida de la directora que, si bien ha desmentido que el film sea autobiográfico, sí que lo ha calificado como una carta de amor al Sacramento en el que se crió.

Gerwig demuestra ser una cineasta que sabe de lo que habla y entrega una película llena de inteligencia y humor, con diálogos exquisitos y una encantadora interpretación de Saoirse Ronan.

Christine se hace llamar “Lady Bird”, nombre que se ha dado a sí misma ante la incomprensión que le supone el hecho de que la gente se llame por los nombres que les han otorgado sus padres. Lady Bird vive en Sacramento, ciudad que ama sin saberlo y que considera que le corta sus alas y no le permite crecer y desarrollarse como ella desearía. A su mejor amiga, Julie, le une una verdadera amistad, pero la deja de lado para irse con otras compañías. Vive en casa de sus padres, con una madre severa y autoritaria y un padre más comedido y comprensivo. No aguanta a su madre, aunque la defiende cada vez que alguien critica su fuerte y complicado carácter. Adora a su padre, pero le pide que la deje unas manzanas antes de llegar al instituto porque se avergüenza de que la vean con él. Miente a sus amigas sobre dónde vive, aparentando vivir en la casa de sus sueños. Se escapa por la noche para yacer en la hierba junto al chico que le gusta y poder gritar más tarde de euforia en mitad de la carretera. Se enfrenta a los ideales católicos de su instituto comiendo hostias consagradas como tentempié o no dudando en defender su postura sobre el aborto en una conferencia. Da sus primeros pasos en el amor, unos primeros pasos que acaban resultando ser errados. Se debate sobre cuándo es el momento adecuado para perder la virginidad. Atraviesa buenos momentos, como las risas compartidas con Julie o el baile en la fiesta con Danny. Los compagina con otros no tan buenos, como las decepciones amorosas o las discusiones con su madre. Pequeños retazos vitales, confusos y caóticos.

Lady Bird no es ni buena ni mala; es tan solo una joven tratando de encontrarse a sí misma y su lugar en el mundo. Vive en el caos que supone ser adolescente e intenta hacer lo que considera correcto. Y esta locura y caos que supone la adolescencia es la esencia del film, porque la adolescencia no es más que eso: una búsqueda de identidad, de apariencia y, en ocasiones, hasta de nombre.

Vivir siendo nosotros mismos, con nuestras dudas, expectaciones y arrepentimientos, en una casa quizá no de ensueño pero a la que poder llamar hogar, con una madre difícil y un padre depresivo y en el paro, pero que nos quieran; no existe vergüenza en nada de eso. La vergüenza está en simular lo contrario. En esa aceptación radica el verdadero despegue de Lady Bird Christine, y no en el del avión rumbo a Nueva York.

En definitiva, ‘Lady Bird’ es una emotiva película sobre el caos de la adolescencia y el complicado paso a la madurez. Puede que no todos nos identifiquemos con el retrato del personaje, pero resulta complicado no hacerlo con su paso por una época de la vida tan particular, con sus obstáculos y dificultades y su correspondiente aprendizaje.

Puntuación: 7/10

‘The Florida Project’, la falsa ilusión del castillo de cartón piedra

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Sean Baker se ganó la confianza de la crítica con el estreno ‘Tangerine‘, película independiente que contaba con una prostituta transgénero de protagonista y cuyo principal reclamo fue haber sido grabada con un iPhone. Dos años después vuelve al celuloide con ‘The Florida Project‘, arriesgada cinta que explora, a través de los ojos de una niña, las miserias de los olvidados que aún sufren los efectos de la crisis económica, y que convierte a su director en unas de las voces más prometedoras del cine indie.

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Moonee es una niña de seis años que pasa el verano en un motel muy próximo a Disney World Orlando. El motel y los alrededores constituyen para ella y sus amigos su particular patio de recreo, un patio marcado por una miseria social imperceptible para ellos al estar enmascarada tras el cristal opaco de la mirada infantil. Una mirada, la suya, tierna y mágica.

En esa realidad, la única que han conocido los personajes, se las apañan para divertirse. Intentan conseguir helados gratis, imaginan sus habitaciones ideales en casas decrépitas de una urbanización abandonada, o acuden puntualmente a observar a una señora mayor tomando el sol en topless. Todo constituye para ellos una aventura, manteniéndose alejados de esta manera de la marginación social que les rodea.

Sin embargo, la película deja entrever que, a pesar de todo, sí que son conscientes hasta cierto punto de su situación, tal y como refleja lo que le dice Moonee a su amiga en un determinado momento: “You know why this is my favorite tree? ‘Cause it’s tipped over, and it’s still growing.” Y es así como podría definirse la triste realidad de los personajes, árboles podridos que crecen hacia donde pueden y donde se les deja.

Dicha escena parece casi una antesala de lo que está por llegar, la pérdida de la infancia y su correspondiente paso a la edad adulta, aquella en la que todo lo que antes era una celebración se convierte en una sensación de injusticia y desesperanza, algo que Moonee experimenta con su primer y desconsolado llanto desconsolado, no siendo ya solo capaz de saber cuándo un adulto está a punto de llorar, sino entendiendo también el porqué de dicho llanto.

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Los adultos, por el contrario, no corren semejante suerte. Sus vidas están infestadas de responsabilidades, estando al cuidado de niños a la espera de un marido que huyó de casa para jamás regresar, trabajando en empleos mal pagados en cafeterías o tiendas de regalos, o recurriendo a todo tipo de engaños para lograr pagar el alquiler.

Los adultos aparecen representados principalmente por dos personajes: Bobby, el gerente del motel, y Halley, la madre de Moonee.

Bobby intenta compaginar sus obligaciones como principal responsable del correcto funcionamiento del motel con el cuidado y la protección hacia sus huéspedes. En particular, hacia los niños que habitan en él, siendo una especie de guardián de su inocencia, lo que se percibe en escenas como en la que deja de lado la tarea de pintar la fachada del motel para acudir raudo ante la presencia de un posible pedófilo para echarlo del lugar. Un particular ángel de la guarda que, no obstante, acaba sucumbiendo y rendido ante las inclemencias que sufren los que le rodean, incapaz de preservar la inocencia de sus protegidos. La bondad del personaje se deja entrever en numerosos actos: prometiendo arreglar las lavadoras que no funcionan ante la indiferencia de sus usuarios, espantando a las aves que se plantan frente a la entrada para evitar que sean atropelladas, o prestándose a pagar el incremento de la tarifa de un motel contiguo en el que Moonee y Halley tenían que pasar una noche.

Halley, por su parte, es el personaje en el que más se aprecia la flaqueza moral, dispuesta a recurrir a engaños, robos y prostituirse para lograr dinero con el que poder pagar el alquiler, dispuesta a cualquier cosa por salir adelante, y fracasando en el intento. Sin embargo, es loable su empeño en lograr que su hija no sea consciente de la realidad que les rodea tomándolo todo como un juego, tal y como los castigos de limpiar un coche en el que ha escupido previamente o limpiar la habitación ante la visita de los servicios sociales.

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La película cuenta con numerosos aciertos, entre los que se encuentran una narrativa que huye de una estructura formal y opta por ofrecer pequeños fragmentos que resumen las vivencias de los protagonistas, permitiéndonos observar de esta manera su devenir diario, una exquisita puesta en escena, saturada de colores cálidos y preciosos encuadres,  y una magnífica labor interpretativa por parte de todos los implicados, con unas extraordinarias Brooklynn Prince y Bria Vinaite y un maravilloso Willem Dafoe, nominado a mejor actor de reparto en la próxima edición de los Oscars. Sin embargo, no todos los aspectos del film están igual de logrados, pudiendo achacársele un constante subrayado de las miserias de sus protagonistas o una excesiva cantidad de escenas que no aportan nada y no hacen sino inflar el metraje.

La precariedad laboral, la ruina económica, las familias disfuncionales, la fatalidad de lo inevitable, el peso de ser adulto teniendo apenas veinte años. El inclemente sol de Florida, el arcoíris posado sobre el tejado púrpura del motel, los fuegos artificiales en plena oscuridad de la noche, la magia de ser niño. Es en esta dualidad donde la película crece, ofreciendo dos universos, Disney World Orlando y el motel, tan cercanos como alejados entre sí.

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En definitiva, ‘The Florida Project’, es un triste relato sobre el fin de la infancia que sirve a su vez de retrato de la clase marginal más afectada por la crisis, olvidada y apartada de la sociedad, con sus miembros refugiados en moteles de carretera cubiertos de pintura de colores, a un paso del paraíso prometido, pero privados de la pulsera para acceder a él.

Puntuación: 7,5/10

‘The Killing of a Sacred Deer’, la amistad con los errores del pasado

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Yorgos Lanthimos se ha ganado a pulso el estatus que ocupa en el panorama actual.

Saltó a la fama con el estreno de ‘Canino‘, película inclasificable sobre un matrimonio cuyos tres hijos jamás han abandonado la casa en la que viven y son educados de acorde a las extrañas enseñanzas de sus padres. Esta extraña, divertida y exagerada película se hizo con el premio “Un Certain Regard’ en el Festival de Cannes.

No tuvo tanto éxito con su siguiente cinta, ‘Alps‘, drama psicológico sobre una enfermera que trabaja por las noches en un hospital atendiendo las necesidades de las familias que han perdido a sus seres queridos, pasando muy desapercibida.

Sin embargo, su siguiente film, ‘The Lobster‘, para el que contó por primera vez en su carrera con actores de renombre como Colin Farrell o Rachel Weisz, volvió a acaparar todas las miradas. La película, ambientada en un mundo distópico en el que los solteros son arrestados y enviados a un hotel en el que cuentan con un plazo de mes y medio para encontrar pareja o se les ejecutará, se hizo con Premio del Jurado en el Festival de Cannes y llegó a estar nominada a mejor guión original en los Oscars.

Dos años después, el director griego regresa con ‘The Killing of a Sacred Deer‘, thriller psicológico con elementos sobrenaturales al que el director vuelve a imprimir su particular estilo.

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La historia nos presenta a Steven y Anna Murphy, quienes llevan una acomodada e idílica vida. Él es un veterano cirujano y ella una respetada oftalmóloga, y ambos disfrutan de su matrimonio, sus dos hijos, y sus exitosas carreras profesionales. No obstante, sus vidas se verán sacudidas por la presencia de Martin, un extraño chico huérfano de padre con el que Steven mantiene una duradera y misteriosa relación, quien se verá obligado a tomar una drástica decisión.

Colin Farrell y Nicole Kidman se encargan de dar vida al matrimonio Murphy, ambos sobresalientes en sus papeles. No se queda atrás el joven Barry Keoghan interpretando al perturbado Martin, elaborando un personaje tan macabro como terrorífico. Entre sus secundarios cabe destacar a una olvidada Alicia Silverstone como la madre de Martin.

Lanthimos sigue siendo a sí mismo en esta obra, en la que se pueden observar varios rasgos característicos de su cine. Partiendo de una idea original, crea una refinada pero opresiva atmósfera que consigue provocar en el espectador una continua sensación de incomodidad, no sabiendo en determinados momentos si reír o no ante la absurda comicidad de ciertas escenas que en el fondo poco tienen de cómico, siendo éste desafiado continuamente durante el visionado. Estos elementos ya se encontraban en las anteriores películas del director, pero hay en ésta algo que difiere de sus previos filmes, y es la frialdad que parece envolver todo el conjunto, potenciando así la soledad y el desasosiego al que ha de hacer frente el protagonista. Por su parte, la fotografía de Thimios Bakatatakis y los acertados efectos de sonido no hacen sino ayudar a  construir dicha atmósfera.

El principal obstáculo al que ha de hacer frente un director tan radical como Lanthimos es el de perderse y acabar convertido en una parodia de sí mismo. Sin embargo, el cineasta no solo sale airoso una vez más, sino que lo hace con un estilo más refinado y que no duda en inspirarse de cineastas como Michael Haneke. Quizá la mayor pega que se le pueda poner a la película es la falta de una crítica más ácida y visceral a la sociedad actual, tal y como acostumbra a hacer el director. No es que en esta película no haya ninguna, pues hay varias fácilmente apreciables, pero no llega a meter tanto el dedo en la llaga como sí hizo en ‘Canino’ y ‘Langosta’. No por falta de valentía, eso seguro, sino porque la historia discurre por diferentes derroteros.

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En definitiva, ‘The Killing of a Sacred Deer’ es una tragedia griega disfrazada de thriller psicológico. Incómoda y perturbadora, hace que uno casi se sienta culpable de disfrutar de su visionado, lo que demuestra que Lanthimos sigue igual de despiadado y provocador que siempre.

Puntuación: 6,5/10

 

‘Lost in Translation’, perdidos y encontrados

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Sofia Coppola, hija del legendario Francis Ford Coppola, decidió seguir los pasos de su padre y convertirse en directora de cine. ‘Las vírgenes suicidas‘, ópera prima que retrataba la vida en los años 70 de una familia marcada por la tragedia, fue un auténtico éxito del cine independiente e hizo presagiar un futuro prometedor para la joven directora.

Algo que ella misma se encargó de confirmar con su segunda película, ‘Lost in Translation‘, convertida hoy en día en un film de culto. La cinta, estrenada cuatro años de su primera película, se hizo con numerosos galardones en diferentes festivales, entre los que se incluyen el de Mejor película extranjera en los Premios del cine Alemán, Francés e Italiano, tres BAFTA, tres Globos de Oro y el Oscar a Mejor guión original, que  también firma la propia Coppola.

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La película nos introduce a dos personajes: Bob Harris, actor norteamericano venido a menos que se encuentra en Tokio para realizar un anuncio de whisky japonés, y Charlotte, una joven que acompaña a su marido en un viaje de negocios. Ambos personajes se encuentran perdidos y desubicados, tanto en la ciudad como en su vida privada.

Bob atraviesa una aguda crisis personal, con una carrera profesional en pleno declive hasta el punto de verse obligado a realizar anuncios en la otra parte del mundo y una mujer con la que parece destinado a no entenderse, estando ella más preocupada por el color de la moqueta del estudio que de los sentimientos de su marido y siendo él incapaz de arreglar las cosas. Un personaje que ha perdido la ilusión y que pasa la vida dejándose llevar. Charlotte, por su parte, tampoco se encuentra en su mejor momento. Casada hace apenas dos años con su marido, empieza a tener dudas sobre su matrimonio, en el que se encuentra sola.

Hay determinadas películas en las que el escenario en el que se desarrolla la acción juega un papel primordial en la historia, y ésta es una de dichas ocasiones. La gigantesca capital japonesa es aquí un personaje más, acentuando la soledad que experimentan ambos personajes, perdidos en un mundo tan exótico como culturalmente distinto al que están acostumbrados.

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Una noche, en el bar del hotel, se conocen. Ambos personajes se acercan y mantienen una primera conversación amistosa, preguntándose el uno al otro el motivo de su estancia en Japón.  En un segundo encuentro, también en el bar del hotel, él actúa como bote salvavidas para ella, que aprovecha la ocasión para acercase a saludar y poder escapar de la incómoda cena en la que se encuentra inmersa. Otra noche, más adelante, se vuelven a cruzar en la piscina del hotel y ella le propone acompañarla a pasar la noche con unos amigos en la ciudad. Él acepta de buen grado y se embarcan juntos a disfrutar de la noche japonesa. Es este tercer encuentro el que tiene mayor importancia, pues es la primera vez en la que observamos a ambos personajes felices. Esta secuencia nos deja escenas memorables, como la del karaoke o la posterior a ella, en la que Charlotte apoya la cabeza sobre el hombro de Bob quedándose ambos en silencio, simplemente estando juntos. Poco a poco se va creando entre ellos una especie de complicidad en la que sobran las palabras, pasando más tiempo juntos y encontrándose cada vez más a gusto el uno al lado del otro.

Esta mencionada complicidad entre ambos personajes no aparece explicada a través de largos diálogos, sino que se muestra de manera sutil a través de pequeños gestos, como la mirada que se dedican cantando en el karaoke o la leve caricia de Bob sobre el pie de Charlotte cuando se quedan dormidos en su habitación. Esta ausencia de largos diálogos es una de las señas de identidad de la película y una de las principales críticas esgrimida por los detractores de la película, pero si uno se molesta en observar se dará cuenta que ocurre mucho entre tanto espacio y silencio.

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No se puede sino alabar la labor de Bill Murray y Scarlett Johansson, quienes soportan bajo sus hombros prácticamente la totalidad de la película y es gracias a la extraordinaria química existente entre ellos que la relación se hace creíble. Él jamas ha estado tan divertido y frágil ni ella tan deliciosa e irresistible como en esta película. Entre los secundarios encontramos a Anna Faris y  Giovanni Ribisi, que, si bien cumplen con su papel, cuentan con un tiempo en pantalla tan escaso que su presencia resulta casi anecdótica.

Sofia Coppola es la otra gran artífice de esta obra, y es que acierta en todas y cada una de las decisiones que toma. Presenta a los personajes simplemente poniéndolos ante la cámara sin que realicen nada especial, lo que logra que conectemos con ellos y sintamos su desorientación; opta por mostrar cómo surge y crece la relación entre ellos a partir de pequeños detalles; escapa de un final feliz que hubiese destrozado la película para otorgarnos uno que resulta natural y elegante, con ambos personajes despidiéndose abrazados en mitad de la muchedumbre y susurrándose algo que quedará para siempre entre ellos.

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Tildada de pretenciosa y aburrida por unos y de obra maestra por otros, es uno de esos títulos que tanto divide a los aficionados al cine. O la odias o la amas. A mí particularmente no se me ocurre cómo no poder amarla.

Puntuación: 10/10

 

 

 

‘Song to Song’, acertado cierre de etapa

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La carrera de Terrence Malick es una de las más inusuales que ha conocido Hollywood.

En apenas cinco años encadenó dos cintas que se convirtieron en películas de culto: ‘Malas tierras‘, aplaudida ópera prima, y ‘Días de cielo‘, por la que ganó el premio a Mejor director en el Festival de Cannes. Tras dichas películas, el director tejano se tomó un largo respiro y hubo que esperar nada menos que veinte largos años para el estreno de su siguiente trabajo, ‘La delgada línea roja‘, considerada por muchos como su mejor película hasta la fecha, y otros siete para ‘El nuevo mundo‘.

En 2011 se estrenó ‘El árbol de la vida‘, su obra más polémica hasta la fecha y que sin duda marcó un punto de inflexión en su carrera. La propuesta, tan arriesgada como ambiciosa, polarizó a crítica y público, calificada de obra maestra por unos y de estafa por otros, llegando a advertir determinados cines de las particularidades de la cinta ante la cantidad de espectadores que salían de la sala exigiendo que se les devolviese el dinero. Mientras tanto, la película se hacía con la prestigiosa Palma de Oro en el Festival de Cannes.

Tras el estreno de ‘El arbol de la vida’ se produjo un cambio en la carrera del cineasta, mucho más prolífica y marcada por la experimentación con la libertad narrativa. Dicha etapa la conforman las siguientes películas: ‘To the Wonder‘, ‘Knight of Cups‘ y ‘Song to Song‘, todas ellas rodadas y estrenadas en los últimos seis años. Esta reciente trilogía cuenta con dos elementos característicos: la ausencia de guión, dejando así margen para la improvisación por parte de los actores, y la importancia del aspecto visual frente al narrativo.

Este último período no ha resultado muy exitoso para el director, pues las películas no han contado con el respaldo ni del público ni de la crítica ni del público, que ha llegado a acusar a Malick de estar borracho de sí mismo, rodando escenas pretenciosas e inconexas que no llevan a ninguna parte. El director se ha justificado alegando que ha rodado de este modo para intentar encontrar “la verdad”, intentando capturar la realidad a través de momentos espontáneos y libres, en un proceso que se asemeja más al documental que al largometraje de ficción. Aunque el propio Malick ha llegado a arrepentirse de rodar de este modo, afirmando lo siguiente: “Recientemente he estado trabajando sin guión y me he arrepentido de la idea. Hay mucha presión trabajando sin guión porque puedes perderte muy fácilmente.”

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La película narra la historia de un triángulo amoroso entre dos compositores y un productor musical, todos ellos en búsqueda del éxito profesional. BV (Ryan Gosling) mantiene una relación romántica con Faye (Rooney Mara), quien a su vez tiene una aventura con Cook (Michael Fassbender), amigo de ambos.

La relación entre BV, de carácter inocente y tranquilo, con Faye está destinada al fracaso por el modo de vida de Faye, enfrascada en vivir todas las experiencias posibles y evitar ataduras (tal y como dice ella misma: “vivir de canción en canción“), sin plantearse más allá que el momento presente. Es por ello que, para huir del compromiso con BV, busca escape en la figura de Cook, por el que siente una fuerte atracción sexual, manteniendo así una aventura con él a espaldas de BV. Sin embargo, Cook, consciente de los sentimientos existentes entre BV y Faye y de la belleza de su amor, en contraposición con su mundana existencia, se ve obligado a huir, lo que a su vez le lleva a conocer a una camarera e iniciar una relación romántica con ella.

Ya estamos acostumbrados a que Malick se rodee de grandes figuras de Hollywood para el reparto de sus películas, contando en esta ocasión con nombres de la talla de Ryan Gosling, Rooney Mara, Michael Fassbender o Natalie Portman. Entre sus secundarios se encuentran Cate Blanchett, Val Kilmer y numerosos artistas musicales como Iggy Pop o Lykke Li. Tampoco es ninguna sorpresa que gran parte del reparto se haya quedado fuera del metraje, siendo los perjudicados esta vez Christian Bale, Benicio del Toro y la banda Arcade Fire. Así mismo, Malick vuelve a contar una vez más para la fotografía con su fiel compañero Emmanuel Lubezki, quien vuelve a deleitarnos con escenas preciosistas, teniendo su trabajo vital importancia en la cinta dada la forma visual de narrarse la historia.

La película tiene numerosos puntos en común con las dos anteriores cintas del director: una historia que gira en torno a un triángulo amoroso, la presencia de personajes a la deriva deambulando por ciudades mientras sus pensamientos son narrados con voz en off, la fotografía de Lubezki… Sin embargo, la principal característica que diferencia y eleva a ‘Song to Song’ frente a sus predecesoras es que, a pesar de compartir dichos puntos en común, aquí se permite al espectador conectar con la historia que nos quiere contar Malick, quien también firma el guión, sin encontrarnos ante una simple sucesión de escenas inconexas a las que cuesta encontrar el sentido, como ocurría en sus dos últimos filmes.

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En definitiva, ‘Song to Song’ es un drama romántico que continúa por la senda iniciada por las dos anteriores cintas del director, con las que, si bien comparte numerosos elementos, logra desmarcarse al lograr que esta vez lo que sucede en pantalla nos importe.

Puntuación: 6,5/10

‘Madre!’, una granada al espectador

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Darren Aronofsky nunca ha sido un director muy convencional y su obra, dados sus impulsos creativos, entraría en la categoría conocida como cine de autor. Se empezó a dar a conocer ya con su primera película, ‘Pi, fe en el caos‘, que le valió el premio a Mejor Director en el Festival de Sundance, alcanzando la fama mundial con su segundo film, ‘Réquiem por un sueño‘, hoy en día convertido en película de culto. Las primeras críticas le llegaron con ‘La fuente de la vida‘, que no contó con el beneplácito ni de la crítica ni de parte del público, aunque hubo numerosos espectadores que no dudaron en catalogarla en su momento como obra maestra inmediata. Volvió a complacer a crítica y público con sus dos siguientes películas, ‘El luchador‘ y ‘Cisne negro‘, alzándose la primera con el León de Oro en el Festival de Venecia y la última con la nominación a Mejor Película en los Oscars. Su primer fracaso, o al menos el más rotundo a día de hoy, es  ‘Noé‘, adaptación literal de la historia bíblica que defraudó a casi todo el mundo, si bien su recaudación en taquilla no se resintió en absoluto por las malas críticas.

Había mucha curiosidad por el rumbo que iba a tomar el director tras la acogida que tuvo por ‘Noé’, a lo que también contribuyó el secretismo con el que se mantuvo el rodaje de ‘Madre!‘ y las declaraciones del propio director antes del estreno en las que afirmaba que la gente había dejado de dirigirle la palabra después de haber visto la película y que su intención había sido “lanzar una granada a la cultura popular”. Pues bien, lo que ha hecho en realidad es lanzar una granada al espectador.

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Lo primero que hay que dejar claro es que ‘Madre!’ no es una película fácil de ver. Es algo que quedó patente desde su estreno en la pasada edición del Festival de Venecia, donde fue recibida con fuertes pitidos y abucheos (muchos dicen que fue la primera vez que se había escuchado algo semejante en Venecia). Su estreno en salas no fue mucho mejor, recibiendo la temida calificación F en Cinemascore, lo que hizo que director y estudio saliesen al paso declarando públicamente que eran plenamente conscientes de la película que habían hecho y que ya esperaban la polarización con la que fue recibida la cinta. Aquí hay que agradecer a Paramount que se hayan lanzado a financiar una película tan suicida desde el punto de vista comercial como puede ser ésta, más en estos últimos tiempos en los que los estudios cada vez arriesgan menos con sus proyectos.

El hecho de que no sea una película fácil de ver no es algo necesariamente malo, De hecho, en determinados casos es algo de agradecer, pero sí que puede echar para atrás a potenciales espectadores que vayan dispuestos a ver un thriller o película de terror al uso. Se dice que es una película de difícil visionado por lo extremo de su propuesta, su abrumador repertorio de metáforas, algunas más sutiles y logradas que otras, y por las variadas lecturas que se pueden extraer de la historia, exigiendo al espectador que esté prestando atención en todo momento a lo que ocurre en pantalla para intentar desgranarlo, lo que puede acabar resultando agotador.

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Desde el punto de vista técnico, no queda sino alabar la labor de Aronofsky, tanto por su claridad de ideas como por la forma de plasmarlas en pantalla, y es que su puesta en escena abusando de primeros planos consigue transmitir a la perfección el agobio y la indefensión a la que se ve sometida el personaje de Lawrence. Todo está muy cuidado en esta película, incluyendo el uso que se le da a la estructura de la propia casa para generar mayor confusión en el espectador. Es una cinta que merece la pena ser vista en pantalla grande si se quiere apreciar en su plenitud, pues esconde mucho más de lo que pueda parecer a juzgar por los tráilers.

No se queda atrás el trabajo de una formidable Jennifer Lawrence, sosteniendo la película prácticamente ella sola y que seguramente se encuentre ante el papel más complejo de su carrera, muy alejado a lo que nos venía acostumbrado últimamente, más cercano al cine de acción, y que demuestra gran coraje por su parte, ya que no muchas actrices de su estatus hubiesen aceptado un papel tan arriesgado como éste. A su lado se encuentra un siempre eficaz Javier Bardem, que en esta ocasión vuelve a demostrar que es un seguro contar con él en cualquier producción. A ambos los acompañan actores de gran nivel, entre los que se incluyen Ed Harris, Michelle Pfeiffer Domhnall Gleeson, todos ellos más que correctos en sus papeles.

Sin embargo, no todo funciona en la película, y el punto más débil de ella viene dado precisamente por su ambición, y es que intenta abarcar tanto y tantos géneros a la vez que en ocasiones no se tiene muy claro si lo que se está viendo es un drama familiar o una película de terror. Así mismo, lo que se muestra en pantalla es tan extremo que en determinados momentos puede llegar a parecer una comedia involuntaria.

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SPOILER

Como ya se ha mencionado anteriormente, es posible extraer varias lecturas sobre el significado de ‘Mother!’.

Según una primera lectura, la película no mostraría más que la relación existente entre el autor y su musa, interpretando Bardem al autor, un poeta en pleno bloqueo creativo, y Lawrence a su musa. Este matrimonio tradicional entre el autor y su musa aparece representado por el carácter egoísta del primero que, con el único fin de dar luz a su creación y satisfacer así a sus seguidores, le llevaría a exprimir a su musa, siendo tan solo el vehículo para tal fin y viéndose obligada a despojarse incluso de su corazón. Ya desde el principio aparecen numerosos detalles en los que se puede vislumbrar la dinámica de la relación y cómo él antepone las necesidades de sus seguidores a las de su mujer, como es el hecho de invitar a pasar la noche a un fan (Ed Harris) sin consultarle antes a ella o el no dudar en abandonar la cena que ella ha preparado para atender a la improvisada rueda de prensa que tiene lugar en el porche de la casa. También se establece, y no precisamente de manera muy sutil, el impacto que tienen estas terceras personas en la relación, quienes no dudan en invadir y destrozar el hogar que ambos comparten, ya sea pintando paredes o destruyendo sin contemplaciones el mobiliario. El principal problema de esta lectura es que resulta algo pobre dado que no es capaz de dar respuesta a muchos de los acontecimientos de la película.

De acuerdo a una segunda lectura, quizá la más obvia, ‘Madre!’ sería una particular interpretación de la Biblia, en la que Bardem interpretaría al mismísimo Dios (una pista a este respecto es que su personaje, Him, es el único que aparece con la primera letra en mayúscula en los títulos de crédito), creador de El Jardín del Edén, simbolizado por la casa en la que vive junto a Lawrence, que recibe la visita del primer hombre (Adán), al que daría vida Ed Harris, y de la primera mujer (Eva), encarnada por Michelle Pfeiffer. A pesar de la oposición por parte del personaje de Lawrence, ambos insisten en intentar acceder al despacho de Bardem y acaban destruyendo una piedra de cristal que simbolizaría la fruta prohibida. Posteriormente aparecen los hijos de ambos, Caín y Abel, derramando la primera sangre cuando uno de los hermanos asesina al otro. Tras este hecho, el personaje de Bardem logra superar su bloqueo creativo y culmina su obra, la cual cuenta con numerosos adeptos o fieles, llegando a crearse una especie de religión que no hace sino volver a desatar el caos y la guerra tras la aparente tranquilidad que parecía haberse apoderado de la casa. Tras haberse anunciado previamente que el personaje de Lawrence estaba embarazada, ésta da a luz al hijo de ambos, el hijo de Dios, en medio de la vorágine de violencia que se sucede en la casa. En una determinada secuencia, observamos cómo el bebé es robado de las manos de su madre para ser entregado por él a los fieles que tanto ansiaban verlo, quienes en pleno frenesí rompen el cuello del bebé para acabar devorándolo, en un claro guiño al pan y el vino como cuerpo y sangre de Cristo. Si bien son numerosas las pistas que indican que esta lectura sería la más apropiada, deja un importante cabo suelto: quién sería el personaje interpretado por Lawrence.

Existe una tercera lectura según la cual ‘Madre!’ no es sino una historia sobre la Madre Naturaleza, interpretada por Lawrence, y el modo en que el ser humano se relaciona con ella, siendo la Biblia tan solo un medio para darle estructura al film. Esta conclusión se puede extraer de lo expresado por el propio director: “Hay elementos totalmente bíblicos, pero es la estructura del filme lo que coge de la Biblia, usándola como un mecanismo para analizar cómo los humanos han vivido aquí en la Tierra“. Según esta visión, queda patente que Aronofsky no tiene en mucha estima al ser humano, al que acusa de  vivir en una sociedad enferma (guerras, fanatismo, trata de esclavos… casi todas las miserias de ser humano tienen cabida en pantalla) y superpoblada que no ha prestado ninguna atención o cuidado a su hogar, la madre Tierra, y cuyos excesos no han hecho sino maltratarla hasta el extremo.

FIN DEL SPOILER

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En definitiva, ‘Madre!’ es un bello ejercicio de estilo repleto de metáforas y variadas lecturas que no duda en provocar e irritar al espectador, al que le exige un gran nivel de atención durante todo el metraje si quiere disfrutar de todo lo que ofrece la película. Posiblemente sea la propuesta más valiente y arriesgada que se vaya a ver este año. Solo por ello, merece nuestro aplauso.

Puntuación: 7,5

‘Kingsman: El círculo de oro’, más es menos

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Matthew Vaughn, una vez dejó el mando de ‘X-Men: Días del futuro pasado’ a Bryan Singer, se puso manos a la obra con la adaptación del cómic ‘Kingsman: Servicio secreto‘ de Mark Millar y Dave Gibbons, en lo que resultó una de las cintas de acción más frescas y salvajes de los últimos años, una especie de película de James Bond muy pasada de rosca.

Tres años después estrena su secuela, ‘Kingsman: El círculo de oro‘, película que mantiene el tono de la anterior y amplia su universo, pero que adolece del factor de sorpresa con el que contaba aquélla.

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La película comienza con la destrucción de la agencia secreta Kingsman, recurso ya visto en multitud de películas de este tipo, dejando a los protagonistas supervivientes con la misión de averiguar quién se encuentra detrás de dicho ataque. En el proceso descubren otra organización de espías, llamada Statesman, paralela a Kingsman pero ubicada en Estados Unidos. Ambas organizaciones unirán sus esfuerzos para luchar contra los responsables del ataque, cuyos planes no se detienen ahí.

En esta entrega se introducen una serie de personajes nuevos, interpretados por actores de la talla de Julianne Moore, Jeff Bridges, Channing Tatum, Halle Berry o Pedro Pascal, componiendo un reparto estelar. También volvemos a ver a numerosos personajes de la primera entrega, entre ellos a Harry, una resurrección que debería haber supuesto una sorpresa para el espectador tal y como deseaba Matthew Vaughn, pero que tanto tráilers como pósters arruinaron desde que vieron la luz hace meses.

Así mismo, muchos de los elementos del anterior film siguen presentes en esta secuela, tales como el humor absurdo (ojo a todo lo que rodea el cameo de Elton John), las vertiginosas escenas de acción o la violencia explícita de las mismas. Sin embargo, se aprecia cierta dejadez que no se vislumbraba en la primera entrega, como si los chistes estuviesen menos elaborados y no se hubiese intentado recrear una escena de acción tan icónica como la de la iglesia de la primera entrega.

Lo que no se le puede negar es que no logre su objetivo, que en una película de este calibre no es otro que entretener. A ello ayuda un ritmo endiablado, a pesar de que se vea algo afectado por un metraje excesivo, el carisma de sus personajes y la labor de su elenco. Sin embargo, el resultado final no deja de ser una simpática y entretenida cinta con una historia intrascendente y que acaba pagando sus excesos y descuidos. Algo que, teniendo en cuenta quién es su director y la calidad de la anterior entrega, no deja de ser decepcionante.

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En definitiva, ‘Kingsman: El círculo de oro’ es una digna secuela pero que queda por detrás de su predecesora. Si bien resulta muy entretenida, su apuesta por la acción y el humor gamberro, dejando de lado historia y personajes, no acaba de sentarle del todo bien.

Puntuación: 5/10

’A Ghost Story’, el edén vs la vida pasada

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Cuatro años después de ‘Ain’t Them Bodies Saints‘, el director David Lowery y los actores Casey Affleck y Rooney Mara vuelven a unir sus fuerzas en esta arriesgada cinta de cine independiente que tan buenas críticas cosechó en la última edición del Festival de Sundance.

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La historia nos presenta a C, un músico cuya carrera no está pasando por su mejor momento, y a su pareja M. Ambos viven en una casa suburbana de una población rural estadounidense, que M desea abandonar para mudarse, pese a la reticencia de su marido. Un día, C sufre accidente de tráfico del que no consigue salir con vida, pero su espíritu, una vez está el cadáver en el hospital cubierto por una sábana blanca, vuelve en sí y decide regresar a la casa que ambos compartían.

El director mexicano Guillermo del Toro una vez dijo que toda película se compone a la vez de tres películas: la que el estudio desea producir, la que el director desea rodar y la que el público quiere ver. Mi principal problema con ‘A Ghost Story‘ es que la cinta que yo quería ver seguramente no sea la misma que Lowery quería dirigir. Por una parte, me fascina todo lo relacionado con la pareja protagonizada por Affleck y Mara, quienes apenas cuentan con minutos en pantalla, pero que necesitan de tan solo unas escasas escenas para reflejar la intimidad y el conflicto existente en la pareja, así como la impotencia del protagonista ante la imposibilidad de intervenir en el duelo de su pareja y cómo observa la vida que ella lleva una vez acepta la muerte de su amante. Sin embargo, me cuesta conectar con la película cuando se aleja de este escenario para adentrarse en el terreno del fantasma enclaustrado en dicho espacio junto a los sucesivos personajes que habitan dicha casa.

La forma cobra en esta película gran importancia, y pocas críticas se le pueden achacar al respecto, ya que todo en la cinta está muy cuidado: desde la apropiada banda sonora de Daniel Hart y la preciosa fotografía de Andrew Droz Palermo hasta el formato 1:33:1 con bordes redondeados, que no hace sino potenciar la sensación de claustrofobia y angustia del fantasma.

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En definitiva, ‘A Ghost Story’ es una cinta que no agradará a todo el mundo por su atípico planteamiento, pausado ritmo y escaso diálogo, pero que supone un triunfo del cine independiente por su elegancia, ambición temática y emotivo discurso, sin quedarse en ser solo en un bonito ejercicio de estilo. David Lowey ha venido a decirnos que los fantasmas existen, pero que no son cómo imaginábamos.

Puntuación: 6/10

‘IT’, el miedo de no ser adulto

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27 años después (ay, la ironía) de la miniserie de televisión, llega a las pantallas esta nueva adaptación de la novela homónima de Stephen King.

En un principio, el proyecto recibió críticas por parte del público por considerarse que el formato cinematográfico no era el ideal para plasmar todos los eventos que suceden en el libro y que hubiese sido preferible optar por una miniserie. La dimisión de Cary Fukunaga, en pleno auge tras su labor en ‘True Detective’, por diferencias creativas con el estudio tampoco ayudó a pensar que Warner fuese a ser capaz de sacar adelante la película. A pesar de estas dificultades iniciales, la cinta ha obtenido grandes críticas desde su estreno y ha sido un auténtico éxito en taquilla, convirtiéndose en el mejor debut histórico durante el mes de septiembre en Estados Unidos, lo que ha llevado al estudio a anunciar que ya está en preparación su secuela, con vistas a su estreno en 2019.

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La película cuenta con dos partes muy diferenciadas entre sí. Por un lado, la cinta muestra el día a día de la entrañable pandilla de amigos que es El Club de los Perdedores en el pequeño pueblo de Derry, la amistad que surge entre ellos y los diferentes obstáculos a los que han de enfrentarse, tales como matones en el instituto, padres abusivos o el descubrimiento del primer amor. En este aspecto la película es intachable, plasmando perfectamente la vida y los pormenores de este grupo de amigos con una recreación soberbia el estilo de vida de finales de los ochenta. Es aquí, cuando la película resulta más entrañable y emotiva, donde tiene más fuerza, siendo una especie de versión más oscura y adulta de ‘Cuenta Conmigo‘. Por otro lado está todo lo relacionado con Pennywise, una criatura con aspecto de payaso que se aparece cada veintisiete años para alimentarse de los miedos de los niños.

Como ocurre en muchas novelas de Stephen King, los monstruos son lo de menos, por muy aterradores que resulten a primera vista. El verdadero terror no se esconde en Pennywise, sino que se encuentra bajo la superficie de ese pueblo aparentemente corriente en forma de padres que sobreprotegen a sus hijos, los ignoran o abusan de ellos. Una vez más, la búsqueda del terror en algo sobrenatural carece de sentido, yaciendo éste en los miedos, miserias y atormentadas vidas de los personajes.

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La labor de Andrés Muschietti detrás de las cámaras es más que digna, lo que, sumado al envidiable trabajo de Chung-hoon Chung cargo de fotografía, hace que la película luzca de maravilla y poco se puede objetar respecto a la puesta en escena.

Sin embargo, es difícil no preguntarse cómo habría sido la versión de Cary Fukunaga. En un primer momento, el estudio aludió a cuestiones presupuestarias como elemento conflictivo, sin embargo el director ha mantenido que la razón no fue ésta, sino el hecho de que Warner buscaba darle un enfoque más comercial a la película. Fukunaga pretendía dotar a la cinta de una mayor carga de terror psicológico, mientras que Warner buscaba una aproximación al terror más directa, lo que ha dado lugar a la principal crítica que se le puede achacar a la película: el abuso del susto fácil que no añade nada a la historia. A pesar de no haber logrado estar en la silla de dirección, se han mantenido ciertas ideas suyas que han resultado ser muy efectivas, tales como el aspecto victoriano del payaso.

Por su parte, la elección de los actores no podría ser más acertada, puesto que todos están perfectos en sus papeles y aportan un gran carisma a sus personajes, logrando de este modo que nos impliquemos con ellos y lo que les sucede. Es cierto que algún personaje aparece algo desdibujado y no todos ellos tienen un desarrollo igual de trabajado, pero sí que se logra plasmar con esmero la amistad que surge entre ellos y los lazos que los unen. Mención especial merece Bill Skarsgård como el icónico Pennywise, cumpliendo con holgura tan complicado papel y sin caer en ningún momento en el ridículo.

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En definitiva, ‘IT‘ es una magnífica adaptación de la novela de Stephen King, que encuentra sus puntos fuertes en la recreación de la época y el carisma de sus protagonistas, adoleciendo solo de recurrir al susto fácil con mayor frecuencia de la que hubiese sido recomendable.

Puntuación: 7,5/10