‘La gran belleza’, la vida es solo un truco

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Paolo Sorrentino cautivó a la crítica de todo el mundo en el año 2013 con la que es su mejor película hasta ahora: ‘La gran belleza’. Ya sus anteriores trabajos obtuvieron numerosas nominaciones y premios; tanto ‘El amigo de la familia’ como ‘Las consecuencias del amor’ estuvieron nominadas a la Palma de Oro en Cannes y ‘Il Divo’ ganó el Premio del Jurado en Cannes y siete premios David di Donatello. Pero no fue hasta el estreno de ‘La gran belleza’ que Sorrentino rompió el género y acabó de consolidarse, y es que la cinta se llevó un gran número de prestigiosos premios: Oscar, Globo de Oro y Bafta a mejor película de habla no inglesa y Premio del Cine Europeo a mejor película, entre otros. Y no sin razón, ya que pocas veces se ha visto una película como la que nos ofrece aquí el director italiano.

La película es un retrato arrollador de la inevitable vejez, de la pérdida ante lo que nos fue arrebatado o nos arrebatamos nosotros mismos, de la nostalgia de tiempos mejores y de la vacuidad de la mundana existencia. Es, también, un canto a la búsqueda de la gran belleza.

El film empieza con una de las fiestas mejor filmadas de la historia, una secuencia hipnótica en la que se nos presenta a Jep Gambardella, interpretado por un soberbio Toni Servillo, escritor de 65 años que hace tiempo escribió un único y exitoso libro y que ahora se dedica al periodismo. Un personaje que goza de reconocimiento social y una vida acomodada pero carente de motivaciones y hasta de sentido. Lleno de hastío y amargura, se dedica a buscar la gran belleza que una vez experimentó (aquella chica en aquel faro). Pero Jep no está solo en este viaje; durante los 142 que dura la película asistimos a un desfile de personajes tan esperpénticos como fascinantes que constituyen la fauna de Roma: obispos, artistas, políticos, intelectuales, stripers… Personajes que se identificarían con aquellos amigos de infancia del protagonista que respondían “el coño” cuando eran preguntados por qué era lo que más les gustaba en la vida y que, a su vez, nos muestran la cara decadente de una bella y eterna ciudad que se niega a morir.

Es a su vez un poema visual de una ciudad que, al igual que su protagonista, gozó de gloria en el pasado (la Roma del Coliseo y de la Capilla Sixtina) y que ahora se encuentra perdida (la Roma de los políticos corruptos y las tetas operadas). Dos mundos enfrentados que se mezclan con la figura del propio Jep.

Es una película con un fuerte aroma a melancolía (“¿Qué tenéis contra la nostalgia? ¿Eh? Es la única distracción para quien no cree en el futuro. La única.”), a pesimismo (“Los trenecitos de nuestras fiestas son los más bonitos de Roma. Son bonitos porque no van a ninguna parte.”) y a derrota (“Esta es mi vida, y no es nada.”), pero también hay belleza y esperanza, sepultadas bajo el bla, bla, bla.

En cuanto a los aspectos técnicos, no queda más que alabar la labor de todos los implicados. La magnífica dirección de Sorrentino, la excelencia de todos y cada uno de los intérpretes (de nuevo, soberbio Servillo), la idoneidad y belleza de la música, la preciosa fotografía, la complejidad del guión… Todo funciona a la perfección.

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Spoilers

En un momento dado, Jep se encuentra con un mago, que es amigo suyo y está ensayando un espectáculo en el cual hace desaparecer una jirafa. Jep le dice que le haga desaparecer a él también, a lo que su amigo le responde que no puede hacerle desaparecer ni a él, ni a la jirafa, porque “es solo un truco”.

Creo que en dicha escena está la esencia de la película. Jep lleva una vida de lujo: en su ático junto al coliseo organizando fiestas para la alta sociedad de Roma, pero una vida hueca y carente de significado. Lleva años intentando encontrar, como en su segundo libro, la gran belleza, sin poder encontrarla. Es en dicho encuentro con el ilusionista cuando se da cuenta de que se ha enfrascado en encontrar respuesta a la pregunta de adónde fue la jirafa (o la gran belleza, encarnada aquí por su amor de juventud y el momento que tuvieron frente al faro), olvidándose de lo más importante, que es solo un truco. Intentar descubrir la respuesta al truco hace que se pierda la magia.

Esto se sugiere también al final de la película: “Termina siempre así, con la muerte. Pero antes, hubo vida. Escondida bajo el bla, bla, bla. […] Por lo tanto, que dé comienzo esta novela. En el fondo, es solo un truco. Sí, es solo un truco.

Antes he dicho que la película es un canto a la búsqueda de la gran belleza, pero entendiéndola como la asimilación de que ésta ha estado siempre ahí. Nos obcecamos tanto en buscar respuestas a preguntas que no tienen, que nos olvidamos de disfrutar la magia.

Fin de spoilers

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En definitiva, ‘La gran belleza’ es una película para dejarse llevar por ella y volver a creer en la magia del cine y de la vida. Si existe una definición del concepto de belleza, debería ser esta película. Una auténtica obra maestra.

Puntuación: 10/10

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